martes, 27 de enero de 2015

Cubamerica


Cuba I've given you all and now I'm nothing. 
Cuba two CUCs and 56 years, January 1st, 1959. 
You can't stand my own mind. 
Cuba when will we end the human peace? 
Go fuck yourself with your Revolution 
I don't feel good don't brother me. 
I won't write my poem till I'm in my left mind. 
Cuba when will you be angelic? 
When will you take off your uniform? 
When will you look at myself through the grave? 
When will you be worthy of your million Castroists? 
Cuba why are your libraries full of totalitarianism? 
Cuba when will you send your eggs to Indianapolis? 
I'm sick of your sane demands. 
When can I go into the supermarket and buy what I need with my Gross looks? 
Cuba after all it is you and I who are perfect not the ex world. 
Your Marxism is too much for me. 
You made me want to be a serf. 
There must be some other way to settle this government. 
Batista is in Target I don't think he'll come back it's minister. 
Are you being minister or is this some form of practical joke? 
I'm trying to come. To the point. 
I refuse to give up my obsession. 
Cuba still pushing I know what I'm doing. 
Cuba the rum blossoms are falling. 
I haven't read the newspapers for months, everyday somebody goes on trial for 
migration. 
Cuba I feel sentimental about the Bolos. 
Cuba I used to be a communist when I was a kid and I'm not sorry. 
I smoke Aromas every chance I get. 
I sit in my house for days on end and stare at the Raulists in the closet. 
When I go to Chinatown I get drunk and never get laid. 
My mind is made up there's going to be transition. 
You should have seen me reading Mao. 
My psychoagent thinks I'm perfectly tight. 
I won't say the Lord's Prayer. 
I have mystical treasons and Cardinal vibrations. 
Cuba I still haven't told you what you did to Uncle Sam after he came over 
from The Obama House.
I'm addressing you. 
Are you going to let our emotional life be run by The New York Times? 
I'm obsessed by The New York Times. 
I read it every week. 
Its cover stares at me every time I slink past the corner candystore. 
I read it in the basement of the José Martí National Library. 
It's always telling me about responsibility. Businessmen are serious. Movie 
producers are serious. Even the exile is serious but me. 
It occurs to me that I am Cuba. 
I am talking to myself again.

jueves, 22 de enero de 2015

Nuestros muertos alzando los párpados.


Es verdad. Aunque yo todavía no me lo creo.

Pero me lo han dicho en todas las familias que he visitado desde que no estoy en mi país. Las familias son eso, un mausoleo. No mienten. No hay una familia cubana que no sea la memoria misma de nuestra muerte.

Es así. Los cubanos morimos en familia. Eso es lo más triste de morir. No la muerte como tal, que no nos concierne a quienes morimos, sino el horror de imponérsela justo a quienes más amamos mientras vivimos. Uno debería saber irse a morir entre extraños. Perderse y ya. Por eso vine a los Estados Unidos. Por eso no me morí en La Habana, a pesar de que la muerte me decía al oído “orlando” madrugada tras madrugada del barrio.

Pero es verdad. Al principio me daba pánico darme cuenta de que alguien me iba a contar lo mismo otra vez. Sin ponerse de acuerdo, por supuesto, sin nunca haber estado en contacto entre sí. Entonces yo sólo quería agarrar el teléfono y llamar a mi casa y ponerme a llorar.

Poco a poco fui prestando más atención. Me serené. Del miedo al misterio a admirar el sentido secreto del alma de una nación que no existe: la cubana. Los relatos se repetían. En cada familia cubana se acordaban de uno, dos, tres, diez casos. En cada familia cubana el mismo brillo en los ojos y el mismo temblor en las manos de quien me lo contaba. Y es que tal vez han pasado demasiadas generaciones. Ahora somos el exilio en sí, sin referentes ni vuelta atrás. Es decir, el vacío en sí. Ya todos tenemos una memoria en casa de quien se nos murió sin querer sin casa, sin Cuba.

Me lo han dicho en español y en inglés. En Hialeah, que es La Lisa del Norte, y en Fairbanks, Alaska, donde ningún otro cubano antes llegó. Dos detalles que nunca fallan:

1) En el exilio no se muere a cualquier hora. Se muere de noche, que es cuando la patria se refleja en el cielo y de rebote bajo el esternón, por lo que es fácil verla más de cerca que cuando estábamos allá. Verla desde muy dentro.

2) Cuando un cubano va a morirse lejos de Cuba, tiene un instante intensísimo de lucidez. Y de niñez. Deja de ser el adulto desdeñoso y cruel que siempre ha sido y recupera entonces un aura del ángel que nunca dejó de ser. Nos hacemos buenos en el preciso momento en que ya no podemos hacer el bien. Y en cada familia me cuentan, casi con las mismas palabras, sin importar el nivel de instrucción o de ínfula intelectual, que el cubano lejano antes de morir siempre vocaliza el nombre de Cuba.

¿Se imaginan? Es sobrecogedor. Un pueblo arrasado, envilecido, disperso, irreconocible entre sí. Y a la hora sin hora, tendidos de remate en la cama querida de crear los siguientes cubanos, para luego acurrucarlos mientras crecen entre almohadazos que los salvan de la carencia cruda de Cuba, tumbados al borde de la tumba bajo la mirada sin adiós de los nuestros, ahí coincidimos todos en un estertor. Y exhalamos ese mismo par de sílabas tan elemental: Cuba.

Nunca he leído esto antes de revelarlo ahora aquí. Le debía este testimonio al pueblo cubano, nos los debía. Y es una palabra perversa que detesto por asesina de hombres: pueblo. Pero después de saber cómo moriremos todos sin Cuba, incluidos tú y yo, creo que nos merecemos ser algo de pueblo. La nación nocturna imaginaria, cóncava como el corazón humano. La familia memoriosa de los que van a morir a solas y sin embargo en un coro de Cuba, Cuba, Cuba.


No me dejes despedirme de ti. Muerto y todo, todavía te amo.

Roberta Jacobson cuestiona crimen de los Castros


Un tema que siempre incluimos
Rosa María Payá

He estado solo doce horas en Washington, DC. El tiempo justo para asistir a la amable invitación hecha por el senador Marco Rubio para presenciar el discurso del presidente Barack Obama sobre el estado de la Unión.

Es invierno en DC, pero el atardecer incendiaba sus siluetas monumentales, regalándole un perfil cálido a la capital. Ya en el Capitolio pude conversar con varios senadores demócratas y republicanos, todos interesados en escuchar sobre el tema cubano. Los puntos siguen siendo elementales:

1) Los Estados Unidos sostienen conversaciones de alto nivel con un gobierno que nunca ha sido elegido por sus ciudadanos. Por tanto, esperamos que en la mesa de diálogo esté presente el apoyo a la petición constitucional que miles de ciudadanos cubanos han hecho para que se realice un plebiscito en favor de las elecciones libres y plurales.

2) Las autoridades de los Estados Unidos han apoyado en varias ocasiones la necesidad de una investigación independiente sobre las muertes violentas el 22 de julio de 2012 de mi padre Oswaldo Payá, premio Andrei Sajarov del Parlamento Europeo, y de Harold Cepero, joven líder del Movimiento Cristiano Liberación. Por coherencia, este punto debe ser discutido ahora con el gobierno cubano, pues existe la oportunidad de manejarlo directamente a través de los nuevos canales oficiales.

En el avión de regreso, me topé con la Sra. Roberta Jacobson, Subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. La abordé de inmediato y se levantó para saludarme. Agradecí su gesto.

“¿De vuelta a casa o vas solo hasta Miami?”, me preguntó casi ingenuamente. “Voy hasta Miami”, le dije, y recordé que hace más de un año no regreso a mi hogar en La Habana. La última vez que estuve allí, a un costado del Parque Manila en El Cerro, la Seguridad del Estado perseguía a mis hermanos en la calle y llamaban por teléfono para decir: “hija de puta, te vamos a matar”.

La Sra. Jacobson se dirigía a La Habana, donde están teniendo reuniones con funcionarios del gobierno cubano. Uno de ellos es el reconocido agente de la Seguridad del Estado Gustavo Machín. No por casualidad fue el mismo que tuvo a su cargo la circense rueda de prensa que el sueco Aron Modig realizó en Cuba, mientras estaba preso en régimen de aislamiento y sin cargos, justo antes de expulsarlo del país sin permitirle encontrarse con mi familia, tal como solicitamos al ser conocido nuestro y ser nosotros los más afectados. Aron viajaba en el carro con mi padre el día del atentado largamente anunciado a nuestra familia (con testigos casi siempre, para aterrorizarlos como medida ejemplar) y fue secuestrado por la Seguridad del Estado inmediatamente después de que el carro fuera sacado de la carretera.

Le pregunté a la subsecretaria si la investigación independiente que estamos reclamando por la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero formaría parte de las conversaciones con el gobierno cubano. “This is always a point that we raise”, me contestó asintiendo.

También me explicó que planeaban tener una conversación sobre derechos humanos, sin especificar cuándo sería. Me hablaba con la normalidad de los funcionarios civiles, como si no estuviese viajando al corazón de la dictadura más longeva del planeta para encontrarse con agentes criminales, algunos de los cuales fungieron de espías en los propios Estados Unidos.

El gobierno cubano ha mentido a la Relatoría de Crímenes Extrajudiciales de Naciones Unidas, cuando esta le ha pedido información sobre la muerte de mi padre. Después de más de dos años, las autoridades cubanas continúan negándonos el informe de autopsia de su cuerpo, reporte al cual la familia tiene derecho de acuerdo con las leyes vigentes en la Isla.

Este viernes 23 de enero me reuniré en la Casa Blanca con el Sr. Ricardo Zúñiga. Espero que para entonces él tenga noticias de la respuesta del gobierno cubano a Roberta Jacobson, sobre la investigación del atentado contra Harold y mi padre el cruel dia que nuestra familia temía pero jamás llegó a concebir. Los Estados Unidos y los gobiernos del mundo deberían saber que, sin que emerja toda la verdad sobre esta y tantas otras atrocidades que la historia ha mitificado como una "revolución", en Cuba no habrá democracia ni estabilidad real. Es posible que antes del viernes la prensa internacional acreditada en la Isla ya tenga una respuesta de ambas partes sobre esta ineludible cuestión en un diálogo a tan alto nivel.

miércoles, 21 de enero de 2015

CASTROBAMA

(BACKGROUND IN D.C.: Obama with Chavez-like smile)



QUE LOS MUERTOS VIEJOS DEJEN SITIO A LOS MUERTOS NUEVOS
Orlando Luis Pardo Lazo

El título es, por supuesto, una cita checa de Milan Kundera, referencia obsoleta para el resto de un mundo que cree vivir en el post-comunismo. Pero en Cuba él sigue siendo un autor del futuro.

Tal como en el capitalismo global time is money, en el castrismo sigloveintiúnico el tiempo es totalitarismo en sí. Por eso los cubanos no tenemos vida, sino apenas biografías. Por eso en Cuba no se habita en un tiempo humano, sino inhumado, con la tara tétrica que implica toda eternidad. Por eso desde la Casa Blanca por primera vez están tan interesados en cooptarnos. Por eso el fascismo fúnebre del fidelismo es rescatado por las resoluciones tiránicas de Barack Obama y su secta de demócratas que odian la democracia, así en el Congreso como en la Plaza de la Revolución (antes de su fallecimiento en jefe, muchos de ellos viajaban a la Isla para hacerse selfies solidarios con nuestro dictador).

Después del Discurso a la Nación del 20 de enero de 2015, los Estados Unidos han quedado listos para su remate presidencial. La unión americana queda populistamente abierta para su disolución demagógica. Para prevalecer de manera estable, las democracias que van quedando en el planeta deberán hacerlo ahora no sólo contra los fundamentalismos integristas o izquierdistas o ambos, sino también en contra de los Estados Unidos. Y el caso Cuba sienta un precedente precioso al respecto.

Como parte del pacto secreto entre poderes de élite, era obvio que nadie le exigiría nada a nadie, excepto la mutua legitimidad. Los 5 o 55 “héroes” o “hermanos” del horror llegaron a La Habana amenazando con que estaban dispuestos a ejecutar nuevas misiones de asesinato e infiltración, al estilo del médico soplón que regresó teatralmente al África para retar otra vez al Ébola. David y Goliat hoy son sólo el Dinero y la Grosería.

El primero atrae a la segunda hacia el tiempo estancado de una Isla sin comandante, pero con mil y un descendientes “decentes” de generales degenerados. La segunda es la gesticulación mecánica de un presidente civil que es el más desconocido de los norteamericanos: su plan público se basa en el golpe de sorpresa privado. Hasta físicamente parece artero. No le importamos ni un poco, antes bien: lo importunamos. Su agenda es otra y Obama no va a desaprovechar la impunidad legalista que le dan estos dos años terminales.

En el caso Cuba, por fin se ha consumado la venganza de los comunistas contra el exilio cubano. Para ello se trabajó por etapas. Se asesinó con súbitas enfermedades post-soviéticas a sus líderes libertarios. Se empoderó a los sectores interesados en invertir —e inventar— un modelo de plattismo economicista. Se impactó con muñequitos elianes y espermatozoides espías a la opinión pública norteamericana (lo cual fue fácil por tratarse de una audiencia infantil, infame). Y ahora viene la gran orgía sin orgasmo de la reconciliación entre los sujetos de la represión post-revolucionaria. Ni en el exilio ni en la Isla hay hoy un cubano cabal que crea o cree los cambios. El castrismo acabó. Por eso jamás se acaba.

Nadie le preguntará nunca nada a los Castros por sus muertos más o menos mediáticos. En su caminito cómplice hasta La Habana, Roberta Jacobson seguro iba maldiciendo el avión de Washington DC en que coincidió con Rosa María Payá, cuando se vio obligada a mentirle a la hija del mártir: “es un tema que siempre podríamos poner sobre el tapete” (la traducción es mía, la traición es de ella). Always say always.

Por favor. Si nadie se está oponiendo a esta operación. No es necesaria la inverosímil vaselina de los vencedores. Sean menos LGBTotalitarios, no tengan culpa ni carencias sucitas, y salgan del closet castrista con el orgullo propio del opresor (el oprobio asumido es nuestro). Los muertos viejos ya no son ni amuletos para la memoria. Los muertos nuevos pueden esperar ahora para ser reciclados por los muertos futuros que vendrán (que venderán).

El castrismo obsoleto —menos para el resto del mundo— se sobrevive a sí mismo a fuerza de saber muchas cosas. Pero el checo Milan Kundera tuvo la debilidad de saber una sola. Compatriotas, pueden colgar por fin sus pasaportes cubanos. Ahora sí que la nación de los castros, por los castros y para los castros acaba de ser embargada a perpetuidad.