viernes, 19 de diciembre de 2014

CARTA ABIERTA A OBAMA de Rosa Maria Paya



CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE BARACK OBAMA
de Rosa Maria Paya Acevedo


Rosa María Payá Acevedo is a member of the Cuban Christian Liberation Movement.

Sr. Barack Obama
President of the United States of America

I am writing to you because I assume that goodwill inspired your decision to change U.S. policy toward my country.

I appeal to this goodwill, notwithstanding your decision to review Cuba’s place on the list of countries that sponsor terrorism despite the Cuban government’s attempt, just a year ago, to smuggle tons of weapons in a North Korean ship through the Panama Canal. And despite Cuban state security provoking the 2012 car crash that took the life of my father,Oswaldo Payá, one of Cuba’s best-known dissidents who represented the alternative to the regime, and his young associate Harold Cepero. And even though the Cuban government refuses to allow an investigation and has not given even a copy of the autopsy report to my family.

The Cuban regime has decided it needs to change its image, so it will relax its grip in some areas while it remains in power. It has discovered that it can allow more Cubans to enter and leave the country and that some people can create a timbiriche (a very small business), but the Cuban government still decides who can travel and who can open a small business. Mr. President, your laws are not what is preventing the free market and access to information in Cuba; it is the Cuban government’s legislation and its constant censorship.

We agree, Mr. President, that you cannot “keep doing the same thing for over five decades and expect different results.”

But there is nothing new in treating as “normal” the illegitimate government in Havana, which has never been elected by its citizens and has been practicing state murder with impunity. That strategy already has been done by all the other governments without positive consequences for democracy in my country.

What would be new would be a real commitment to the Cuban people, with concrete actions supporting citizens’ demands. We don’t need interventionist tactics but rather backing for solutions that we Cubans have created ourselves.

For 55 years, the only free, legal and popular demand from Cubans has been a call for a referendum on self-government, the Varela Project. We want changes in the law that will guarantee freedom of expression and association, the release of political prisoners, the right to own private enterprises, and free and plural elections.

You asked in your historic speech : How can we uphold that commitment, the commitment to freedom?

I take you at your word, Mr. President. The answer to you and to all the world’s democratic governments is: Support the implementation of a plebiscite for free and pluralistic elections in Cuba; and support citizen participation in the democratic process, the only thing that will guarantee the end of totalitarianism in Cuba.

My father used to say, “Dialogues between the elites are not the space of the people.” The totalitarianism of the 21st century — which interferes in the internal affairs of many countries in the region and promotes undemocratic practices in countries such as Venezuela — will sit at the table next to the hemisphere’s democracies. I hope censorship doesn’t come to that table as well and that we Cubans, whom you so far have excluded from this process, can have a place in future negotiations.

We expect your administration, the Vatican and Canada to support our demands with the same intensity and goodwill with which you supported this process of rapprochement with the Cuban government. Human rights are the foundation of democracy, and we expect you to support the right of Cubans to decide their future.

We ask you to support an independent investigation into the attack that caused the deaths of Oswaldo Payá and Harold Cepero.

We do not want symbolic solidarity. We do not want to participate only in the parallel forum to the next Summit of the Americas. The chair that will be occupied by the Cuban government is not the chair of the people, because the Cuban government does not represent Cuba’s citizens. That’s why we need to be present at the main summit, so that the demands of Cuban citizens are heard and empowered by the regional democracies.

Mr. President, dare now, after quoting our José Martí, to put into practice the honesty that a free Cuba deserves, “with all and for the good of all.”

God bless our countries.

Merry Christmas to you and your family,

Rosa María Payá Acevedo

jueves, 18 de diciembre de 2014

Mírame Miami y por tu muerte no llores




Alan Gross, como todo norteamericano que entra en contacto con el castrismo, y lo defiende incluso desde un cautiverio de mentiritas, atacando a su propio gobierno con reclamaciones millonarias, es un hombre malo. Sus amenacitas de suicidio, su falta de solidaridad con el exilio y la sociedad civil dentro de la Isla, su religiosidad retrógrada de salmos y milagrerías, su silencio cómplice con los asesinatos que cometió el castrismo mientras él supuestamente estaba en prisión, su abogado pagado por La Habana, su apoyo al levantamiento de un embargo que no parecía de su incumbencia cuando se hizo contratar por la USAID, su chicharronería con el Presidente Obama, su lealtad admirativa a los sacrosantos cojones de Raúl, su sospechosa pérdida de la dentición a la velocidad record de un diente por año, su pose y su esposa con pinta de izquierda insulsa, en fin: cuán fósil, cuánta fealdad, Estados Sumidos de Fidelidad…

Y, en simultáneo, el desembarco triunfal en la Isla de los 5 espías tanáticos, con sus músculos de matar con las manos, con sus miradas huecas de quienes se saben títeres de un poder tétrico que los puede hacer talco para la pinga, con sus denticiones exageradas, rodeados de un pueblo que hace décadas no es ya ni plebe, populacho perverso y paupérrimo, aterrados en su miedo que va de lo mezquino a la mediocridad, chachareando entre los vecinos en una lengua que los cubanos libres desconocemos porque es una jerga de establo, de Estado.

Cubanos, no nos hagamos ilusiones. La estupidez patria puede ser detenida aprovechando esta enésima coyuntura criminal de la historia. Nunca vamos a vivir en libertad. La tierra está maldecida contra nuestra belleza volátil. La raza que habita en la Isla es infecta y es ya indescontaminable. Los lúcidos, los virtuosos, escapan sin mirar nunca por encima del hombro, o han de pagar el precio corajudo de ser mártires eliminados a sangre fría, como el alma sagrada de Laura Pollán y Oswaldo Payá.

La estampida no puede detenerse ahora en Miami. Es muy tarde para quedarnos tan cerca del mal. Hay que huir más y más al norte del mundo. Durante generaciones y generaciones, los castristas se han hecho millonarios en el sur de la Florida. El castrismo es ley mediática y fáctica entre el exilio cubano. Es mayoría. Lo cubanoamericano mismo es hoy un invento insular, con esa nostalgia de nalgas abiertas a un fidelismo frígido, con ese argot que parece sacado de Google Talk, con esas guindalejas de oro de 19,59 quilates y las cejas delineadas hasta el delirio. Por favor.

Los legisladores de la Florida no cuentan para nada. Lo que impera es el poder corruptor de las mafias que Fidel ha institucionalizado en Miami, desde la iglesia hasta la academia, desde las marinas hasta los mataderos, desde una ciénaga hasta un cañaveral, desde el aeropuerto hasta sus horrendos museos y mausoleos, con sus ferias y sus colleges y su constante kitsch, desde los restaurantes hasta la mismísima Revolución.

Miami ha hecho su mejor esfuerzo, pero hoy Miami es millones de Alan Gross y de Cinco Héroes. Nada de espías, hermanos. Miami es la pura heroicidad del horror impune. La batalla de la Florida se perdió. Ni siquiera ganó Castro. Ganó Miami, que reprodujo y sedimentó un castrismo a cuentagotas durante decadentes décadas. Revisen en los malls, pobre gente mía, saquen de sus percheritos plásticos esas camisitas a cuadros que se venden al por mayor. Verás las etiquetas de la Seguridad del Estado, mi amor. La chealdad y la chaldonería. La trampa sucia entre el escamoteo y el secretismo. Como en Cuba, allí no hay una sola palabra dicha por los cubanos que no sea falsa. El castrismo es eso: la cáscara de la cubanía, su desechabilidad, su cuacuacuá.

Cubanos, es la hora de reconocer que no sólo no queremos cambios en nuestra nación, sino que tenemos unas ganas ubérrimas de nunca jamás volver a tener nación. La experiencia de haber sido súbditos de la muerte es irreparable. Ahora todos vamos a morirnos muy solos. Aletargados en una retórica quejosa que nos envilece. No merecemos ni lápida. Ni ser polvo esparcido sobre el Estrecho. Nos merecemos permanecer muertos por el resto de nuestras biografías sin vida.


Nadie es más triste que nosotros. Nadie es más nosotros que yo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

FIDEL FALLECIÓ


Cuban democracy has taken so long that now it seems we Cubans can wait a little longer. President Obama, with his historical Cuban speech, is indeed recognizing the future rights of a leftist dictatorship that, in turn, has never recognized the rights of Cuban citizens.

His Cuban counterpart, General Raul Castro, dressed in military uniform instead of his much more accustomed expensive suits, delivered a simultaneous speech so solemn that he sounded as if he were in a funeral. It was obvious that this was his fraternal farewell to Fidel Castro, who can no longer be part of the Cuban equation in the new era begun today. I dare say that Fidel Castro has died and that the apocalyptic announcement may take place on the 56th anniversary of the Cuban Revolution, January 1st.

Next, we’ll see in Cuba the masquerade of new investments and markets and local licenses for business and more access to the internet and even an electoral reform, but private property will remain a myth. No fundamental freedoms are conceivable for Cubans while only one Communist Party continues to monopolize all of political life, with the State Security of the Ministry of the Interior serving as the real source of governance of a model based on secrecy and, of course, impunity to repression.

After decades of fostering terrorism, the Caribbean dictatorship is paving the path to a dynastic “dictatorcracy”, with second and third generation Castros perpetually positioned to lead this process without ever worrying about consulting the popular will. Thus, the Cuban self-transition from totalitarianism to State capitalism is underway with a new geopolitical ally: the United States of America. As such, Cuban democrats must re-schedule their expectations to live in a normal Cuba. This is the main consequence of the “normalization” of relations between the gerontocracy of the Revolution Square and a White House pushed both by the corporations and by the pro-Castro bias of the free press.

As for the Cuban exiles: thank you very much for what you’ve done for this great nation, yes, but your President Obama has just mentioned that, effectively, Cubans consist of only the 11 million still under Castro’s rule on the Island. So, our world-wide free diaspora will remain excluded from their own nationality, at most invited to collaborate by sending their billions of dollars every year in remittances. What’s more, the Cuban Adjustment Act from 1966 is likely to be ineffective soon, meaning that Cuban immigrants will lose their special status in the US. It’s conceivable that we will witness the first deportations of illegal Cuban newcomers as a means to stop the stampede.

Last but not least, Cuban “civil society”, as Obama stated, seems no longer interested in political opposition to the government and ultimately, in peacefully struggling to legally attain power. Reduced to the field of dissidence, their pro-democracy actions are now limited to a digital catharsis that is perfectly tolerable for the new status quo of post-Castroism.

So, welcome to the real thing. Cuban democracy, like heaven, can wait. Like hell.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL METRO DE MANHATTAN ME COMPLACE MAS QUE EL MAR

10 de diciembre en clave cubana de Castro


http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1418171336_11725.html
Cuando la democracia llegue a Cuba mañana o dentro de otros 56 años —llegará aunque le pese a la izquierda internacional—, cuando los hombres y mujeres de mi país recuperen la vida en la verdad que la dictadura redujo al juego sucio del socialismo, cuando el castrismo sea por fin un etapa del pasado y sus culpables hayan sido condenados para que nunca vuelva a entronizarse el comunismo en la Isla (lo cual incluye no solo la división de poderes bajo el imperio de la ley, sino la prohibición de los partidos antidemocráticos), igual el 10 de diciembre será una fecha de triste recordación para mis contemporáneos.
Este día, para generaciones y generaciones será también el día de la impunidad suprema de la Seguridad del Estado: un ejército del color del silencio que aplaude o asesina sin consecuencias, que combate al ébola en África mientras incuba el virus de la violencia en casa, que crea escenarios a favor o en contra según las conveniencias de su tétrico teatro. Este día será para no olvidar el odio del castrismo hacia los cubanos y nuestra humillación histórica bajo el amor de nuestros amos: un día en que abrir el pecho a la necesaria reconciliación será aún menos fácil.
Los 10 de diciembre duelen, más allá del funeral doble que ya se avecina, sin nadie y para el bien de nadie. Los 10 de diciembre desconocen toda noción de olvido: no hay víctima que no esté a la espera de su victimario si alguna vez hemos de vivir en la verdad. La lucha del cubano contra el castrismo es la lucha de la memoria contra la memoria.