domingo, 23 de julio de 2017

Casi Casey

Calvert Casey: ·Memorias de una isla·

 

Uno de los mejores libros cubanos y, uno también, de los menos reproducidos íntegramente. Aquí les va Memorias de una isla, el extraordinario libro de la ‘mudita’ Casey con una nota de presentación del ínclito OLPL: “Que Casey siga siendo para siempre en la Cuba de Castro no “como un”, sino un enfermo moral y político, un monstruo sexual, antisocial, antirrevolucionario, a quien haya que aislar, relegarlo al exilio interior, y acaso condenarlo a forzosos trabajos agrarios en los campos de reeducación.” Enjoooooyt  (Ojo: el diseño del libro es de Chago. ¡Coquito en pote!)


Casi Casey
Orlando Luis Pardo Lazo

 A la postre, la literatura devino para él una “pasión inútil”, otra manera de tart-t-tamudear en cubano. Se apellido era Casey. Es decir, casi se apedillaba Casi. Y hoy está muerto, por supuesto, mucho más muerto que nunca. Pues lo acaban de resucitar por todos los medios imaginables desde La Habana, esa maldición del materialismo.

Fernando Palenzuela llamó a su época como “cada vez más sombría” y a su soledad como “insuperable”. Y no era para menos. Hacía apenas un año que Calvert Casey se había matado en Roma. En pleno apogeo de la primavera, como correspondía. Porque el olor de una piña ausente, también, puede detener a un pájaro en el aire. No digo yo en el exilio.

A Casey, Cuba no le curó su “sensación de apocalipsis inminente con la que (algunos días) parece que hemos aprendido a vivir”. A Casey, Cuba lo descojonó.

Murió en 1969, con su eros irredento y reprimido, reconociendo a La Habana en Roma (“como si La Habana tuviera 2,000 años de fundada”), en Génova (“una extraña  ciudad, como La Habana pero tenebrosa”), en Nápoles (“como La Habana, pero con algo malévolo y abyecto”). En todas partes menos en La Habana, en una “especie de oratorio desesperado”.

Pobre Calvert mío, perdido entre estos bosques. Y nada puedo hacer para ayudarlo. Se equivoca Cabrera Infante al decir “no pobre Calvert: pobres los que no lo conocieron”. Se equivoca y lo desconoce, habiéndolo conocido. Pobre Calvert nuestro. Pobres los que te conocieron. Y nada podemos hacer para ayudarnos.  

Casey fue uno de los primeros desaparecidos cubanos en tiempo de Revolución. Él mismo intentó desaparecerse, tan civil como era. La realidad a su alrededor era estrictamente militar: esa es la clave que los realismos mágicos siempre nos han escamoteado, empezando por nuestro Cardenal Carpentier.

Tal era así que sus amigos ya casi se habían “acostumbrado a estas desapariciones constantes mías, que en los últimos tiempos se han hecho obsesivas, y que muchas veces, en un país estremecido por los cambios sociales, tienen extrañas consecuencias que algún día (?) asumirán forma literaria”.

He aquí, ahora, la forma literaria hecha isla. Anuncio de la locura, de la disolución: asumir la “forma literaria” como “el único rastro de nuestras vidas antes de perderse en el vacío”. He aquí, también, intacto y triunfal, ese vacío memorioso. Inmemorial. Memorias de una Isla. Nada más pronunciarlo uno siente deseos de llorar, de detenerse en el aire. Pájaros del exilio, aves rara vez migratorias. Criaturas de Cuba.

La enciclopedia fascista digital cubana, EcuRed, hoy lo llama un “escritor de culto por la fuerza con la que expresó en sus obras su afirmación del derecho a una vida propia, fuera de los modelos sociales estereotipados”. Mientras yo me cago descaradamente en el corazón de la madre de quien redactó su entrada a sueldo del Estado cubano, como hubiera podido asesinar con mis propias manos a quienes redactaron el mojón fascista del primer Diccionario de la literatura cubana, que en aquella Cuba analógica lo excluyó.

José de la Colina ha confesado que Casey se sentía en la Cuba de Castro como “un enfermo moral y político, un monstruo sexual, antisocial, antirrevolucionario, a quien había que aislar, relegarlo al exilio interior, acaso condenarlo a forzosos trabajos agrarios en los campos de ‘reeducación’?”

El mejor homenaje es, pues, no desmentirlo.

Que Casey siga siendo para siempre en la Cuba de Castro no “como un”, sino un enfermo moral y político, un monstruo sexual, antisocial, antirrevolucionario, a quien haya que aislar, relegarlo al exilio interior, y acaso condenarlo a forzosos trabajos agrarios en los campos de reeducación.

Calvert Casey fue enterrado en un cementerio de las afueras no de Roma, sino de la Revolución. Le pusieron este epitafio temporal (todo porque al morir se le quedó abierto un libro de Henry James subrayado en “He was a man too fragile to live in this world”):

He was gentle
He was weak
He was destroyed

Mejor le hubieran inscrito el reporte de la policía italiana:

Yacía en la cama
En una posición
Que parecía natural

Adiós, niño gago de Baltimore. Adiós, bilingüismo sin lengua madre. Adiós, mudita maravillosa. Marquesa de magacines y obrero de barbitúricos, a quien el Hombre Nuevo en la Isla le había retirado su pasaporte cubano. No vuelvas nunca, aunque te parezca que es ya demasiado tarde para seguir por ahí. El afuera no tiene adentro. No hay nada que hayamos dejado allá atrás, en la Cuba cadalso.

Y en esto sí no se equivocó Guillermo Cabrera Infante: “todos los que conocieron a Calvert creían que lo habían conocido demasiado tarde”. Trató, eso sí, de matarse morbosamente en sincronía de siglos con el suicidio de José Martí. Pero la eficacia de la farmacopea europea le hizo una mala trastada. En consecuencia, murió coherentemente como lo que él es: un adelantado.

viernes, 21 de julio de 2017

¿Vive aún en Cuba el asesino de Oswaldo Payá?

  


¿Sus verdugos le hablaron a Oswaldo Payá antes de matarlo? ¿Le gritaron, lo ofendieron? ¿Le dijeron: maricón, te lo advertimos mil veces pero quisiste hacerte el más cojonú que nadie? ¿Le leyeron su sentencia de muerte extrajudicial? ¿Intentaron que implorara por su vida, que se humillara ante ellos, que pidiera perdón a la Revolución? ¿Lo chantajearon con que también iban a matarle a sus hijos y a su mujer? ¿Le dijeron: dale, reza ahora a tu dios de mierda a ver si te viene a salvar? ¿Cómo sobrevino el golpe fatal: por estrangulamiento, quizá? ¿Estaba presente en la escena algún miembro de la familia Castro o tal vez Raúl Castro Ruz en persona? ¿Filmaron la ejecución para mostrársela después a Fidel? ¿Fue un ciudadano cubano su verdugo principal? ¿Qué edad tenía? ¿Todavía vive en Cuba ese hombre que mató con sus manos a Oswaldo Payá o, a su vez, ya lo asesinaron para no arriesgarse a un testimonio en un futuro remoto? ¿Es el asesino de Oswaldo Payá uno de los agentes que persiguen de cerca a su hija Rosa María Payá, cada vez que ella intenta moverse por cualquier parte de la Isla? ¿Se acobardó Oswaldo Payá o murió como un mártir, como el hombre de virtudes que en vida fue? ¿Gritó de dolor? ¿Se le abrieron los esfínteres al morir: se orinó, se defecó? ¿Alguien rió, o tal vez alguien titubeó, entre los militares del Ministerio del Interior que ejecutaron la sentencia a pena capital ordenada por los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz?

  


miércoles, 19 de julio de 2017

Plebiscito y mas plebiscito




 
Este 19 de Julio ha sido un domingo venezolano, latinoamericano, mundial. Podríamos compararlo con la Independencia de las repúblicas en nuestro hemisferio. Ha sido una jornada increíble: pacífica, legal, cívica, fundadora de una nueva ilusión política ojalá que no sólo venezolana sino también latinoamericana y mundial. Los 16 de julio deberían de recordarse, pues, como el Día de la Caída del Socialismo Latinoamericano.



Nicaragua a la cubana



En el traspatio de Donald Trump, Latinoamérica sigue siendo una burla contra todos los valores democráticos de los Estados Unidos y Europa. La Latinoamérica del siglo XXI sigue pregonando su llantén de víctima en la propaganda mundial, mientras que en la práctica muchos no son más que caudillos y victimarios.


martes, 18 de julio de 2017

Por esta vez sin información visual



Mi papá me hacía cuentos. Me contaba cosas que tal vez un niño tan pequeño no debiera de conocer. Por eso mismo fueron tan memorables. Por eso mismo serán las últimas que en vida voy a recordar.


Cuentos para dormir. Pero era imposible dormir con aquellos cuentos. Mi papá tenía el don de la narrativa. Y tenía el don de su voz de papá. Dos tesoros que me alejaban del sueño y me sumergían en el insomnio de la imaginación.


Me sentí inmortal bajo la luz oral de mi padre. Me sentí vivo. Me sentí feliz. Incluso ahora puedo casi sentir lo que fue estar vivo y feliz alguna vez, aunque ahora ya todo sea parodia e inercia. Aunque ahora no haya más remedio que simular y sobrevivir.


Mi papá me contaba cuentos de aparecidos, de almas en pena, de crímenes ocurridos cuando único podían ocurrir: en el capitalismo cubano. Porque la Revolución comunista era demasiado desierto para alojar ningún tipo de historia vital. Y también me contaba cuentos que ocurrían, por supuesto, en ese otro paraíso imposible en la Cuba de los atroces años setenta: historias del extranjero.


En todos sus cuentos había siempre una muchacha, aunque a veces la muchacha moría. O ya estaba muerta antes de empezar. Y en todos sus cuentos yo aprendía siempre lo que era el amor antes del amor. Y aprendía de súbito a enamorarme por primera vez cada vez, no sé bien si de la muchacha o de mi propio amor, que entonces me sorprendía y me hacía sentir mil veces mejor que el resto de la humanidad.


A cada una de aquellas muchachas de palabras yo me las imaginaba muy blancas, muy frágiles, muy levitantes. Muy enamoradas de mí o de mi asombroso amor hacia cada una de ellas. Un amor indestructible, fiel como carajo, felicidad filtrada a través de los cuentos que me hacía puntualmente mi padre. De noche, a la luz del alma. Todavía no hay manera de decirlo mejor.


He buscado a esa muchacha infatigablemente. Estoy exhausto. Creo haberla atisbado sin excepción. Siempre fue ella, siempre fueron ella. También, sin excepción, a todas las he perdido en el reino de lo efímero. Se fueron o yo me fui.


Le he fallado a mi padre. O mi padre me mintió al borde de mi cama de infancia. O tal vez la explicación sea mucho más sencilla: las muchachas, como el amor, estaban todas muertas antes de empezar. 


Como muerto está ahora mi padre. Como muerto está ahora nuestro mundo de cuentos inconcebibles que ya a ningún hijo le contaré. Como muertas están las noches con alma de nuestro país en pasado. Como mismo se nos murió aquel lenguaje sin límites, milagroso al punto de lo material, que era una cosa tan fascinante y a la vez tan familiar.


Las extraño a todas. A todas ahora, por favor, les pido perdón. Es muy posible que el muerto en vida sólo haya sido yo.


lunes, 17 de julio de 2017

Rosa María en Cuba por el 5to aniversario del asesinato de su padre Oswaldo Payá


Para difusión inmediata: Rosa María Payá se encuentra en Cuba para conmemorar el 5to Aniversario del atentado que terminó con las vidas de Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Para más información:

Rosa María Payá:



Para difusión inmediata: Rosa María Payá se encuentra en Cuba para conmemorar el 5to Aniversario del atentado que terminó con las vidas de Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Hoy lunes 17 de julio de 2017, Rosa María Payá se encuentra en Cuba para conmemorar el 5to Aniversario del atentado que terminó con las vidas de Oswaldo Payá y Harold Cepero. Amigos, familiares, miembros de la oposición y cubanos en general estarán honrando sus vidas y legado en una misa de Acción de Gracias en La Habana.

Oswaldo Paya líder opositor cubano, galardonado con el Premio Sájarov y el dirigente juvenil Harold Cepero perdieron sus vidas el 22 de Julio del año 2012 en un atentado (las conclusiones del Informe Paya de HRF) provocado por oficiales del régimen castrista.
Rosa María Payá, junto a otros miembros de la oposición y ciudadanos cubanos, promueven la iniciativa Cuba Decide que da continuidad a la campaña iniciada por su padre Oswaldo Payá antes de morir para cambiar el sistema en Cuba a través de la realización de un plebiscito con la participación de todos los cubanos.

La visión de Cuba Decide 

Nosotros queremos que Cuba sea una nación prospera, sana y feliz de ciudadanos libres.

Una nación abierta al mundo a la que siempre puedes decidir regresar.

El hogar donde todos cuentan y somos aceptados sin miedos ni hipocresías y donde los cubanos realizamos nuestros sueños con nuestro trabajo, creatividad y esfuerzo propio.

Es Posible. Cuba Decide.

viernes, 14 de julio de 2017

La noche mas cruel del castrismo

Lee aquí mi primera columna en Ciber Cuba sobre la noche más cruel del castrismo: niños inocentes que pagaron con sus vidas gracias a la Revolución y Fidel.


 



Muchas noches, desvelado, los veo de nuevo.

Son cubanos que matan a cubanos, todo por un diploma despótico y un salario miserable en moneda nacional, incluyendo a mujeres con niños y hasta con bebés. 

Muerte gratuita, igualitaria, como todo en el socialismo. 

Muerte infame, insultante, innecesaria. 

Muertes impunes hasta el día de hoy.

El llanto de esas madres cubanas, cuyos cadáveres jamás nadie ha intentado rescatar de nuestras aguas territoriales, todavía debiera de estarse escuchando en los oídos sordos de Dios, a donde ojalá hayan ido a parar las almas asesinadas de esos inocentes. 

Niños atrapados en la hediondez de la historia humana, inhumana.

No permitas que se nos olvide la masacre del remolcador “13 de Marzo”. 

Recuerda siempre que ocurrió en el año de 1994, el día 13 de Julio, en una conjunción fatídica de la Revolución Cubana en decadencia y su Comandante en Jefe en plena soberbia de genocida.


Lee aquí mi primera columna en Ciber Cuba sobre la noche más cruel del castrismo: niños inocentes que pagaron con sus vidas gracias a la Revolución y Fidel.

Sobre Angel Santiesteban

 


 
El escritor cubano Ángel Santiesteban, uno de los 100 Héroes Mundiales de la Información, elegidos por Reporteros Sin Fronteras y la Agencia Francesa de Prensa en 2015, aún cumple en Cuba una condena a cinco años (los últimos dos de manera extrapenal). Por este motivo, el régimen le impide salir de la Isla, y lo somete a múltiples violaciones de sus derechos en tanto ciudadano, incluida la censura en que ha caído sobre su obra, en medio de la apatía del campo literario cubano, que hoy tendría que tildarse de infame antes que intelectual.
 
En su más reciente colaboración para CubaNet, titulada ¿La dictadura la estará presentando como una posible candidata?, Ángel Santiesteban se pregunta en público, con todo su derecho y también con toda intención, si Rosa María Payá no será la candidata del castrismo para perpetuarse, si la hija del mártir Oswaldo Payá no será la carnada con que la dictadura engaña al mundo, implementando el cambio fraude de una falsa transición. Un cambio fraude y una falsa transición que, por cierto, Oswaldo Payá denunció de manera tal que eso le costó la vida el 22 de julio de 2012, cuando la Seguridad del Estado cubana lo ultimó en un doble atentado en Cuba junto a Harold Cepero, si bien para Santiesteban se trata todavía de “misteriosos acontecimientos que llevaron a su padre hasta la muerte”.
 
La duda, asumo que cartesiana antes que castrista, acosa a Ángel Santiesteban porque “en una de las últimas emisiones del noticiero nacional de televisión, y en su emisión de la noche, el régimen dedicó un ataque a una mujer totalmente desconocida para los cubanos de a pie, es decir para casi todos”, “presentada como una enemiga de la revolución, una mujer que pasaba su vida viajando, de un lado a otro, y con el dinero que le pagan los enemigos de la revolución cubana y de su pueblo”.
 
Dado que el régimen cubano ha roto su “tradicional secretismo” para montar un “orquestado alboroto” de “publicidad gratuita hacia la destacada disidente”, Santiesteban concluye que “creo ver un poco más allá de ese descrédito que le dedicaron a la luchadora política,” pues “resulta pecado subestimar a la dictadura”.
 
Según Santiesteban, “ellos, quienes tanto se cuidan, ¿estaban otorgando a la población cubana otra alternativa política? ¿Nos mostraban otra opción?” Es decir, “el cansancio y el miedo del dictador y de su familia”, a estas alturas de la historia, “han comenzado a jugar, a manipular en el ámbito político” y “de alguna manera demuestran, al menos a mí, que son dinosaurios en el siglo XXI en fase de enmascaramiento”. Y esa máscara para encubrir al neocastrismo, esa elección alevosa “de entre toda la oposición”, ese “mal menor” que es “sin dudas la mejor opción” y “el menos nocivo de los caminos, al menos para ellos”, para Santiesteban lleva el nombre de Rosa María Payá.
 
Dado que Rosa María Payá tiene “formación católica, es decir, pacífica”, los dictadores de Cuba “suponen que podrán manipularla”, tal como están “usando a la iglesia, y al diabólico Jaime Ortega, quien siempre estuvo, está, y estará, a favor de los Castro”. El cardenal Jaime Ortega, pues, sería para Santiesteban una especie de Juan Bautista, mientras que Rosa María Payá llegaría por fin a su Totalitarismo Prometido, investida por Santiesteban como la profeta perversa de una Castrocracia a perpetuidad.
 
La herramienta cívica de la iniciativa ciudadana Cuba Decide, la cual lidera Rosa María Payá (un plebiscito para que por primera vez desde 1959 sean los cubanos los que decidan entre la dictadura y la democracia), es para Ángel Santiesteban paradójicamente la herramienta con que el castrismo se salvará, dado “el crédito que otorgaría al régimen un plebiscito”, “el respiro que les daría en estos momentos de agonía”, pues “un plebiscito puede ser el último pataleo para conseguir la permanencia en el poder, aunque sea negociando”. Los Castros “luego manipularían al pueblo, ejercerían fraude en las urnas, y se quedarían con el poder, dejando a un lado a la hija de Payá”.
 
Así, Santiesteban parece muy convencido y muy convincente de que el pueblo cubano, puesto a elegir en libertad y bajo supervisión internacional, elegirá su propia esclavitud bajo los Castros de segunda y tercera generación. El cardenal Jaime Ortega es un Juan Bautista desechable y Rosa María Payá es su Cristo de ocasión, eso ya lo sabemos en este evangelio según Ángel Santiesteban. Mientras que el pueblo cubano caería entonces en la tentación de traicionarse a sí mismo: según Santiesteban, no tendríamos más opción que jugar a ser Judas.
 
Bueno, sí. Nos quedan algunas otras opciones en el propio artículo de Santiesteban en CubaNet, pero de esas el castrismo no se atreve a hablar en el noticiero nacional de televisión. Por ejemplo: José Daniel Ferrer, líder de Unión Nacional Patriótica de Cuba; Berta Soler y su esposo Ángel Moya, líderes de las Damas de Blanco; Antonio Rodiles y su esposa Ailer González, líderes del Foro por los Derechos y Libertades; entre “otros líderes” como “Guillermo Fariñas, Jorge Luis Antúnez, Cuesta Morúa, y, por supuesto, Yoani Sánchez”.
 
En cualquier caso, esta Lista de Santiesteban incluiría a gente que sí son “de la línea dura y no quieren dialogar con los Castro”. Guerreros y no dialogueros, demócratas de acción y no de activismo, los que “exigen su retiro” (a Raúl Castro) y “elecciones libres” de manera inmediata, casi que por un milagro.
 
Santiesteban parece sugerir, pues, que Rosa María Payá hace campaña electoral para la reelección de Raúl Castro y que ella está en contra de toda votación pluripartidista en Cuba. Santiesteban parece asumir, pues, que Rosa María Payá es miembro de un movimiento confesional cristiano en lugar de uno laico y civil, emancipador de la cultura del miedo y de la simulación, para que alguna vez los cubanos por fin vivamos en la verdad. Santiesteban parece ignorar, pues, que Rosa María Payá ha recibido varias amenazas de muerte contra su persona y su familia, tanto dentro y fuera de Cuba, y que el castrismo hoy está en condiciones perfectas de impunidad para hacerlas cumplir (una vez más).
 
Santiesteban se hace el santo y es su derecho. Nuestro héroe mundial de la información sabe muy bien lo que hace. O lo que le han hecho hacer, en esa Cuba corroída de castrismo por los cuatro costados. Pobre Ángel, viejo amigo entre la amargura y el amarillismo, fungiendo de fiscal contra las nuevas generaciones de cubanos y cubanas. Lo siento un poco como un ángel caído en desgracia, en medio de la maldad que nos ciega a todos los cubanos en cualquier parte, al punto de convertir a las víctimas en verdugos al por mayor. Y Ángel Santiesteban, como yo, lo ha sido muchas veces a lo largo de su brillante carrera como escritor: víctima y verdugo. Y eso merece, sin ironías de ningún tipo, toda nuestra inmediata autocompasión.
 
Pero, por favor, de ahí a esterilizar las esperanzas de libertad en una Cuba sin Castros, va un buen trecho. Y la iniciativa Cuba Decide de Rosa María Payá, que tanta repercusión y preocupación le está trayendo día a día a la dictadura castrista, también merece una buena cuota de amabilidad y, ¿por qué no?, de amor. El mal mayor, amigo Ángel Santiesteban, sería redundantemente ése: dejar nuestra esperanza en las manos enemigas de un mal mayor.

miércoles, 5 de julio de 2017

SI ESTO NO ES EL EXILIO



SI ESTO NO ES EL EXILIO
Orlando Luis Pardo Lazo



País desolado, país vaciado, país sin nada de qué alegrarse de corazón.

A donde quiera que llego, llega conmigo la desesperación. Soy yo, así lo siento, pero da igual: lo cierto es que la realidad se va desintegrando a mi paso. Así en La Habana como en Miami. Así en Reykjavík, Islandia, como en Saint Louis, Missouri. Donde ayer el 4 de Julio fue peor que un funeral.

En general, las noches nunca son fáciles para Orlando Luis. Uno puede beberse la soledad ancestral de este país, atorarse con su condición crónica de puertas adentro y jardines desérticos, desmayarse ante tanta impresencia material. Ante tanto no pertenecer, no ser. Pero, por supuesto, los días de fiesta serán siempre los peores dentro de lo peor.

Anoche me cogió la noche en la calle.

Después de un día no vacacional de discusiones ideológicas en la universidad de George Washington. No me topé con un solo norteamericano que estuviera feliz, ni en las aulas ni en las aceras ni por WhatsApp. Antes bien, muchos hacían público su descontento con esta fecha patria original. Es decir, con esta fecha apátrida original, porque ninguno parecía sentirse parte de la historia y mucho menos del futuro de esta nación. Y tienen razón: no lo son. Y ya es muy tarde para que ninguno lo sea. Son norteamericanos inerciales, residuales. Y sólo están esperando que el país se venga abajo de una reputa vez, con Trump y todo para la mierda.

No los critico. Yo sólo me asomo a este paisaje dantesco. Soy un testigo terminal. He venido desde Cuba completamente por gusto. No hice nada con venir desde el cenotafio de La Habana. Hemos perdido nuestro tiempo en tanto generación. Ni lenguaje tenemos ya. Y los Estados Unidos también han desaparecido del mapa, como cualquier atisbo de una Cuba sin Castro en nuestra imaginación.

Fuegos artificiales, sí. Y pobrísimos en el Forest Park de Saint Louis. Un espectáculo paupérrimo. Por lo menos de los años setenta, en los carnavales cerveceros del malecón. El tráfico cerrado por todas partes, asfixiante marejada de policías con ropa lumínica. Todos tan concentrados en su super-especializada misión, bajo los semáforos en luz roja intermitente. Todos haciendo señas a cada auto como si se tratara de un avión. Seguro son inmigrantes. O por los menos han de ser minoría. Se ven tan cómicos. Tan huecos. A mí me resulta conmovedor.

Ni los taxi Uber funcionaban a ratos en mi teléfono. Y después se aparecían de pronto con una tarifa como del 500%. La debacle. Las gentes caminaban en la calle como locas, como poseídos. En manadas. Vi pocas parejas. Era un efecto grupal. Una cosa atávica, precolombina. Una maldición de los muertos de antes y durante de la llegada de la civilización.

Pasó un medio hipster blanquito borracho y gritando obscenidades, hasta que se cayó contra un contén, en Waterman casi esquina a Skinker. Enseguida le cayeron encima varios negritos muy adolescentes. Entre ellos, muchachas con iPhones. Le quitaron algo al energúmeno, supongo que fuera el celular, o la cartera, y se mandaron escandalosamente a correr, alardeando algo en esa lingua franca afronorteamericana que es inaccesible para un “blanco supremacista” como lo soy yo (así me han dicho a mis espaldas en la universidad, como mismo mis amigos académicos me llaman en broma neocon). Así de chistosos son los norteamericanos.

Los carros se quedaban atascados por horas. A veces, un chofer delirante conseguía dar una vuelta en U y retirarse para el carajo del espectáculo. Las bocinas a tope de reguetón. Como ya saben dónde. Por supuesto, no había ningún espectáculo por ninguna parte. There’s nothing to see here, sir. Keep going, keep going. Y, en cualquier caso, ¿a dónde iban todos en primera instancia? ¿para qué todos habían salido sin ningún motivo de sus casas esta noche atroz?

Como un perro aterrado por el sinsentido sonoro y lumínico a mi alrededor, como una criatura caída de otro planeta llamado Hogar, con la mirada enmudecida de quien asiste al apocalipsis y el apocalipsis no es más que este escenario barato, vaciado, vecinal, donde nadie porta ni un solo centavo de alegría en su corazón, así, como medio ido, como mareado, logré por fin encontrar mi casa entre todas las casas del barrio. Arrasado, obnubilado, con la angustia coagulada entre los pómulos, la glotis y el esternón.

Se me habían quedado las llaves en la universidad. Tal vez las perdí en algún bus o taxi o en una de esas aulas donde decir “Estados Unidos de América” es decir “Fascismo Eterno Universal”. Igual mi madre ya me esperaba en el portal de la casa.

Dios mío.

Otra vez mi madre María, a sus 81 interminables años de capitalismo, socialismo, y capitalismo otra vez, entre otras palabras desproporcionadas y muy mal ajustadas a su dentadura de plástico. Otra vez mi madre María la loca, la miedosa, la corajuda. Mi intraducible madre María. María, mi madre inconmensurable.

Recordé la locura infantil de José Martí, en otra noche de lunes de pesadillas y de muertes recién matadas. En aquella Cuba colonial del siglo XIX que todavía Martí y yo arrastramos aquí. En versos:

No hay bala que no taladre
el portón, y la mujer
que llama me ha dado el ser.
Me viene a buscar mi madre.

Y después que nos besamos
Como dos locos, me dijo:
“Vamos pronto, vamos, hijo.
La niña está sola, ¡vamos!”

A la vuelta de un siglo XXI que no es más que un anagrama árido del siglo XIX, los dos tornamos a estar como al inicio del mundo, en las navidades prohibidas por Castro de diciembre de 1971.

Somos madre e hijo. Seguimos siendo lo mismo, pero lo mismo de irreconciliables. Compartimos la intimidad más intimidante del mundo. Ajenos, alienados, como esta nación que cumple años y carece hasta de hijos para recordárselo. Aquí todo es huérfano. Por eso mi madre y yo estamos ya listos para sentencia: así nos dormiremos antes de que acabe este 4 de Julio. “Como dos hermanitos”, escribiría César Vallejo.

Si esto no es el exilio, entonces ya nada lo es.